CARTA ABIERTA A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Será difícil que este mensaje llegue hasta ti. Lo sé. Porque aunque te manifiestas de muchas maneras, eres hábil, y antes de entrar en juego ya tienes previstos los recovecos por donde huir. Muestras muchas caras, revelándote grandiosa cuando alzas guerras por doquier, para dejar ristras de víctimas inocentes a tu paso. Pero yo quiero enviar esta misiva a tu lado más elemental y al más difícil de encontrar; justo a ese semblante tuyo que subsiste al socaire de convertir lo anormal en un hecho normalizado. Es entonces cuando dejas ver tu arrogancia dentro de los hogares, y cuando más difícil se hace la entrega de este escrito.
No tienes domicilio fijo, pero te escribo esta carta por si acaso la lees. Sé que es improbable que así ocurra. Eres cobarde. Te escabulles por las rendijas más insospechadas. Haces de ello un arte prodigioso, coreado por el silencio y por la ceguera de quienes, aún sabiendo de ti, no dan facilidades para que asediemos tu escondite. Ellos te amparan y hacen de ti un fantasma, que no se cita de cara con sus responsabilidades cuando dejar caer sus actos viles sobre quienes son más débiles. Eres fabricante de dolor. Tu tarjeta de visita, la invisibilidad, te mantiene a salvo del peso de la Ley. Cuando te chocas con ella, sólo eres capaz de espetar que tus actos infames son parte de tu privacidad: espacio vital en el que borras las huellas del infierno en el que haces vivir a quienes te circundan. Nunca te has querido a ti misma. ¿Cómo vas a sentir amor por los demás? No me explico cómo alguien pudo querer a quien te da rienda suelta. Sólo puedo entenderlo porque acepto que muestras un lado dulce, cantos de sirena para engatusar a quien has elegido como blanco para blandir en él tu maldad. Haces de tus víctimas, víctimas de sí mismas. Les robas la autoestima y las cargas de autocompasión, debilitándolas. Así se creen justas acreedoras de su propia fatalidad. Parasitas de manera sigilosa en ellas, devorando sus resistencias.
Ayer lanzaste contra ella una más de tus fatales acometidas. No entendimos sus gritos silenciosos de auxilio; huellas cristalinas de tu presencia que no supimos interpretar, pues estaban enmascaradas. Siempre con sus eternas jaquecas, con su tristeza perenne, con sus escasas ganas por comer; sin apenas querer arreglarse, sin querer tomar un café con las amigas; siempre taciturna, con un mohín de desolación colgado de su rostro desencajado; maquillada por el estrés. Le habías minado poco a poco su fortaleza, para dejarla desguarecida, entregada a su infortunio, a los pies de tu dictadura.
No era la primera vez. Tu espiral andaba ya creando un vórtice cada vez más acelerado. Ella comenzó a sentir miedo ya no por el daño que pudieras causarle sino por el que pudieras infligirle a sus hijos o a sus padres. Tus amenazas abarcaban a su círculo más próximo y en ella creció la certeza de que pudieras acometerlas. Quien sufre terror escupe silencio para tratar de alejar sus miedos; vana ilusión. Nunca fuiste un hecho aislado en franca retirada. Te creces cada vez más, regodeándote con tus victorias execrables, mientras tu víctima recauda impotencia y frustración. Ahora incluso le parecen anecdóticas, casi insignificantes, tus primeras demostraciones de fortaleza barata: gritos, insultos, fisgoneo del móvil, decidir qué ropa se ponía, golpes en la pared, menosprecios... Séquito malvado que allana el camino para el dolor físico, que está por llegar una vez satisfecho el deterioro psíquico que causaste a ella.
Nunca contemplaste en tus esquemas que ella dijera basta. Cuando así ocurrió montaste en cólera; el momento más crítico para su seguridad. Pero ha sabido dar esquinazo a tu última maquinación: robarle la vida. Hoy la Ley te persigue sin tregua, la Sociedad te repudia con rotundidad. Pero tú sigues recreándote, mostrando tu cara más agria con total virulencia. Ya no te conformas con desplegar sufrimiento gratuito. Nos enseñas tu rastro de muerte. No obstante, tu tiempo se acorta, se inició la cuenta atrás para certificar tu fin. No importa que sea larga la computación si a la postre llegas a diluirte en el desvanecimiento de tus frías estadísticas de horror.
Sé que es improbable que leas estas líneas, pero al menos espero que sí lo haga quien pueda hacer uso de ti a su interés para mandar a pique los valores de los hombres y mujeres de bien.
Contra ti estas líneas, violencia, muestres la cara que muestres, porque, como tú no respetas, te deseo que todas y todos te mostremos tolerancia cero y desprecio diez.
JUAN CARLOS PEREZ LOPEZ
BORMUJOS (SEVILLA)












La violència contra les dones està vinculada al desequilibri en les relacions de poder entre els sexes en els àmbits social,econòmic, religiós i polític, a pesar de tots els esforços de les legislacions a favor de la igualtat. Constitueix un atemptat contra el dret a la vida, a la seguretat, a la llibertat, a la dignitat i a la integritat
física i psíquica de les dones, i tot això comporta, per tant, un obstacle per al desenvolupament d’una societat democràtica.