Hoy me sorprendí rompiendo papeles viejos, y sacudiendo cajones, hurgando en mi pasado y echando a la basura lo que en algún momento de mi vida guardé quién sabe por que.

Mis cajones llenos de notas, papelitos, agendas caducadas…cosas que en otro momento atesore y que hoy no significan nada.

Guardamos compulsivamente, por si en algún momento lo necesitamos, y al pasar los años nos damos cuenta que vivimos rodeados de cosas sin utilidad, recuerdos vanos, aferrándonos a ellos por si algún día los vamos a necesitar.

Entre todas las cosas absurdas que guardaba estaban varias garantías de aparatos electrónicos que hace tiempo dejaron de existir, tarjetas de gente que ni siguiera soy capaz de recordar quienes son, notas de mis hijos y de mi marido, actuales y de hace años (en casa cuando nos ausentamos y no hay nadie a quien comunicarlo, tenemos la costumbre de dejar “una notita”) invitaciones de boda, llaveros, etc.

Tire tantas cosas que llene dos cajas grandes, que se fueron directo a la basura, por fin, el orden, y el espacio suficiente para cosas nuevas que algún día volverán a ser una parte de mi pasado, y que probablemente volveré a tirar a la basura.

Mientras ordenaba y tiraba cosas a la basura pensaba en lo fácil que es deshacernos de las cosas que no nos son útiles y en cambio lo mucho que nos cuesta de deshacernos de los sentimientos negativos como el odio, los celos, la ambición desmesurada, el egoísmo… Con lo fácil que sería mantener el mismo orden en los sentimientos que en la casa, si mantuviéramos este orden en nuestros sentimientos siempre nos quedaría un espacio para llenarlo con lo mejorde nosotros mismos, amistad, comprensión, respeto, tolerancia…