Cuando un conflicto nos acucia, podemos engañar a los demás, incluso nuestro yo consciente, pero la angustia no desaparece. El inconsciente se expresa mediante los sueños. con ellos intenta enviar un mensaje que es la expresión del conflicto que invade al sujeto, de la angustia que padece.
En el caso de los sueños recurrentes, esto es aún más claro: el inconsciente repite una y otra vez el mensaje en espera de una respuesta. Estas llamadas de atención, a veces se manifiestan en forma de pesadillas. Para Freud los sueños representan deseos o realización de deseos, pero también deseos rechazados o reprimidos y en algunas ocasiones dan cuenta de importantes conflictos internos, como en las pesadillas. También va a sostener que el sueño presenta dos tipos de contenidos: los manifiestos y los latentes. Los primeros son los soñados; los segundos lo que significa lo soñado. Es decir lo manifiesto es el disfraz que usa el inconsciente para expresar los contenidos del sueño. En el caso de la pesadilla el disfraz endeble; lo inconsciente –deseos, conflictos –invade al yo, el cual al no tolerar la angustia que esto le produce hace que el sujeto despierte atormentado y salga del sueño.
Hoy en día los especialistas sostienen que las pesadillas, en general, reflejan un conflicto grave, inaceptable por el propio sujeto, incluso en estado inconsciente. Es un temor que lucha por salir, pero que no encuentra una salida… ni siquiera durante el sueño.
Jeroglificos que se resuelven por asociación de ideas
Sin embargo, las angustian no se muestran sólo en forma de pesadillas. Pueden hacerlo también a través de sueños placenteros. En ellos el sujeto aparece como un triunfador, como alguien que ha conseguido sus metas u objetivos en una determinada actividad. Pero ¡cuidado! este tipo de ensoñaciones puede esconder una falta; a veces con ella se intenta compensar una carencia que se ansía cubrir desesperadamente en la vida real.
Pero ¿cómo podemos descifrar el mensaje de los sueños? No es tarea fácil. En primero lugar, porque debemos sumergirnos en un nuevo lenguaje: el de los símbolos. Lo único que sí esta claro para los psicólogos y psiquiatras es que sólo el propio sujeto puede saber si la interpretación es correcta. Este tiene que sentirse identificado con la traducción de los sentimientos y las contradicciones que el sueño muestra en forma enmascarada.
En la terapia psicoanalítica, el paciente analiza sus sueños recostado en un diván y con la ayuda de un profesional. Analista y paciente se abocan a descifrar este texto sin lógica con contradicciones, donde el antes y el después no existen, donde el padre puede ser simbolizado por un rey, o un perro expresar fantasías agresivas.
Freud, en su obra La interpretación de los sueños; recomienda dividirlas en escenas. Así, si el sujeto a soñado con una cena entre amigos, donde una de las invitadas se toma excesivas confianzas, es conveniente ir desmenuzando el guión. ¿Qué le sugiera la cena? ¿Se siente a disgusto en la reunión? Si es así, ¿por qué? ¿Con quién relaciona a esa mujer? ¿La conoce? Para llegar a una conclusión acertada es necesario anotar las primeras asociaciones de ideas que acuden a la mente, aunque parezcan absurdas. Se trata, en fin, de un trabajo complejo, que conduce poco a poco a la solución.














Soñar es bonito.
Las carencias no se las voy a contar a una persona que me escucha lo que le voy narrando tendido en un diván. Eso lo llegaría a hacer si la situación fuera de extrema necesidad.
Hasta la fecha vivo feliz con mis propios sueños y no me hace falta nadie que me los tenga que interpretar, faltaría más.
Las pesadillas cada uno sabe bien de dónde proceden y no hay que darle más vueltas.
Lo siento por Freud, su teoría me parece fenomenal pero a la hora de la interpretación hay muchos flecos que descifrar.
Lo siento Cory, yo seguiré con mis sueños y no se los contaré a cualquiera.
Felices sueños Cory, siempre y cuando no necesites acudir a que te los interpreten.
Mi querido Apetito, yo personalmente no soy para nada una defensora de Freíd, más bien todo lo contrario; considero que este gran psicoanalista tenia la razón en un 60% pero en lo restante iba muy mal encaminado (esta es mi modesta opinión)
En lo referente a mis sueños he de confesarte que hasta el día de hoy, a Dios gracias, he sido capaz de psicoanalizármelos yo misma, sin ya ayuda de ningún especialista; ahora bien si algún día veo que necesito de su ayuda no tendré ningún inconveniente en visitarlo.
Con todo mi cariño