Noche de elecciones en 1860. Abraham Lincoln era elegido el nuevo presidente de los Estados Unidos. Satisfecho por el resultado de la votación, pero completamente agotado el recién electo presidente yacía en su sofá preferido descansando. No había cerrado sus ojos y sus pensamientos volaban sobre mil temas diferentes, todos ellos relacionados con el futuro y la necesidad de hacer una buena labor como mandatario de la nación.
El presidente solía tener visiones y sueños relacionadas con el futuro y con lo paranormal. En una ocasión y sin motivo específico o causa previa, vio dos imágenes en el espejo que estaban frente a él cruzando la habitación. Al principio creyó que se trataba de alguien que había entrado en la habitación sin su permiso. Pero concentrando la vista se dio cuenta de que la doble imagen que veía reflejada era... la suya.
Una de ellas estaba rodeada por una brillante luz que le daba a la figura una definida apariencia de vitalidad, salud y vigor. Mientras que la otra era pálida, de un color espectral y ceniciento. Una imagen que respiraba muerte y enfermedad. La primera sonreía mientras que la segunda guardaba una seriedad inusitada. La primera parecía mucho más joven y la segunda le aumentaba los años al presidente en gran medida.
"Me levanté, tenía que comprobar que no era un sueño o una especie de alucinación producida por el cansancio. Me acerqué al espejo y vi que a medida que me acercaba la visión desaparecía. Era como si la imagen se derritiera ante mis ojos. Al llegar junto al espejo no había nada. Toqué el cristal y solo reflejó mi mano sobre él. Pero con la excitación del momento tuve que abandonar la habitación. Tenía demasiadas cosas que hacer, me concentré en ellas deseoso de olvidar lo que había visto. Lo conseguí, pero a veces volvía la visión a mi mente dándome la extraña sensación de que algo andaba mal en mi futuro."
"Toqué el cristal y solo reflejó mi mano sobre él. Pero con la excitación del momento tuve que abandonar la habitación"
Estas fueron las palabras del presidente Lincoln más tarde al referirse al extraño suceso. A pesar de su continua actividad, el presidente no podía apartar la visión de su mente. Estaba seguro de que tenía algún significado y llegó el momento en que se decidió a tratar de hacerla reaparecer. De nuevo ocupó su sofá preferido y puso la mente en blanco. Estaba completamente seguro de que no dormía. Y de nuevo se repitió el suceso. Allí estaba la doble imagen en el espejo. Una triste y solitaria, la otra alegre y destellando compañía. Lincoln quedó largo rato contemplando los reflejos de su propia persona en aquel espejo. Y por fin llegó a la conclusión de que sabía el significado. La primera, saludable y sonriente significaba que su primer mandato como presidente sería exitoso y productivo. La segunda representaba un segundo mandato en el cual se enfrentaría directamente con el desastre. Pasó el tiempo. Lincoln estuvo seguro de que su teoría sobre la interpretación de la doble imagen era cierta el día en que fue elegido para un segundo término como presidente.
Se pasó el día de la nominación en
Una vez Lincoln le había dicho a Harriet Beecher Stowe, autor de
Y sin embargo
"Ante mí se encontraba un féretro en el cual descansaba un cadáver cubierto con vestiduras funerales. Alrededor del cuerpo se encontraban soldados que hacían las veces de vigilantes."
En una conversación con su guardaespaldas diurno llamado William H. Croock, le dijo lo siguiente: "Croock, sabe que tengo la seguridad de que hay un hombre que quiere asesinarme y que lo conseguir sin duda alguna..." "¿Por qué piensa eso señor presidente?" Indagó Croock. "Otros hombres han sido asesinados..." aquí la voz del presidente se quebró. "Espero que esté equivocado señor presidente" dijo el guardaespaldas. "Tengo perfecta confianza en los que se encuentran alrededor mío, en cada uno de ellos, y aún embargo sé que cuando llegue el momento fatal y decisivo ninguno de ustedes podrá hacer nada, ya que el destino lo marca así, lo más probable es que el asesino pierda su vida, pero es el destino el que lo quiere así" explicó Lincoln.
El guardaespaldas se sintió fuertemente impresionado por las palabras del presidente. Aquella noche, terminado su turno y antes de retirarse decidió comprobar con sus propios ojos que el presidente se encontraba seguro. Por lo tanto se dirigió hacia la sala en que se encontraba Lincoln y lo encontró leyendo. "Hasta mañana señor presidente" dijo Croock. "Adiós Croock" contestó éste. Croock quedó desconcertado. Jamás antes el presidente le había despedido de aquella forma. Era un formal adiós, Y Lincoln jamás se equivocaba en las palabras que usaba. El guardaespaldas abandonó












Corita esto no tiene nada que ver con la entrada pero veo que pusiste el reproductor en la columna sobre mí y para ponerlo ahí el código cambia porque sinó te queda muy grande, cuando tengas un minuto escribime y contame si querés que la canción se reproduzca al abrirse el blog o te gusta con el reproductor que te mando lo que tenés que poner. En la columna sobre mí el ancho máximo es de 200, porque sinó te queda todo recortado.
Pero decime lo que querés que después te escribo.
por favor después borrá el comentario.
Besitos
Lucy