Hoy os voy a contar un hecho en el cual sin yo quererlo me he visto envuelta. Hace muchísimos años, cuando yo era una jovencita de diecinueve, mi mejor amiga llegó a mi casa con una gran noticia: su abuelo había vendido unas tierras de su propiedad y les daba a ella y a su hermano mayor, una cantidad de dinero suficiente para que pudieran comprarse un piso. Los dos hermanos estaban locos de contento (y quién no lo estaría en su lugar).

El buen hombre solo les puso una condición, que la casa en donde vivían, que también era de su propiedad, quedará para su hermana pequeña (una chiquitina que en aquel entonces contaba cuatro años) los dos hermanos estuvieron de acuerdo (yo fui testigo de dicho acuerdo verbal).

Con el paso de los años mi amiga se caso y tiene su propia casa, lo mismo que su hermano. La pequeña también se ha casado, quedándose a vivir en casa de los padres; ahora bien ella y su pareja se han construido un piso en la parte superior, para disfrutar de intimidad (algo que quieren todas las parejas) sin descuidar a los padres que ya son muy mayores. Hasta aquí todo era correcto y todo el mundo estaba contento. Pero desde hace unos años la especulación de los terrenos y la construcción masiva de nuevas viviendas, han sido la causa de que una casita pequeña, que nadie quería (esta es la verdad) hoy valga muchos millones.

Ahora todos han perdido la memoria y del acuerdo verbal al que llegaron con el abuelo nadie quiere acordarse (cuanta avaricia hay en el mundo).

Hace unos días vino la hermana pequeña de mi amiga a casa, me contó lo que esta pasando y me pidió que hablará con su hermana para hacerla reflexionar, ya que cada vez que ella lo intentaba terminaban peleando. Llamé a mi amiga y quedamos para hablar (ella hoy en día a la par de ser mi amiga es mi cuñada) hable, hable y hable, y ella seguía en sus trece: “me pertenece una parte de la casa y no pienso renunciar a ella”. Al final tengo que confesar que me saco de mis casillas y para evitar daños mayores di por terminada la “charla” con estas palabras:

- Quiero que sepas que si tu hermana decide recurrir a la justicia, yo la apoyare, porque no quiero, ni puedo olvidarme del acuerdo al que llegasteis con vuestro abuelo, acuerdo al que llegasteis estando yo presente -.

Ella se “mosqueo” un poco y cuando llego a casa se lo contó a su marido (que es mi cuñado, hermano de mi marido) el cual no tardo ni un minuto en llamar a mi marido. Ya os podéis imaginar el debate, mi marido diciéndome: “no te metas en camisa de once varas, que saldrás mal parada” y yo replicando, que hacia aquello que consideraba justo. Así estuvimos casi dos horas, hasta que por fin mi marido dijo “haz lo que quieras, por que veo que no te voy a convencer de lo contrario”.

Yo no quiero perjudicar a mi amiga, pero tampoco quiero que ella perjudique a su hermana. He hablado con mi cuñado y el al igual que mi marido quiere permanecer al margen del asunto, pero comprende mi punto de vista y me dice que yo haga lo que juzgue oportuno que debo hacer.

Como comprenderéis mis querid@s amig@s cocteleras, este tema no lo puedo hablar ni con la familia de mi marido, ni con nuestros amigos, sin dejar en mal lugar a mi amiga (cuñada) cosa que no quiero y que nunca haría, es por ello que tras meditar muchos días he decidido desahogarme con vosotros, mis amigos en la distancia.

Espero no haberos cansado con tanta historia, pero tenia necesidad de hablar de ello.