En la ciudad de Sagunto, obligada por sus padres gente noble si, pero de pocos caudales, caso doña Amparo de la Mediavilla con el noble cuatralbo de la Marina Real, Don Gonzalo de los Arcos que poseía grandes riquezas y posesiones pero que era ya muy anciano decrepito y achacoso. Doña Amparo sientiose enormemente desgraciada el mismo dia de la boda, pero pensó que como era tan viejo ella tendría calma y paciencia pensando en lo rica que seria a la muerte de su ya viejo esposo, cosa natural siendo ella tan joven. Un día se presento en el palacio de los Arcos uno de sus deudos, llamado don JUAN de Dios Casanovas, quien comunica al caballero que había encontrado un hijo bastardo que este tuvo en Perú cuando fue secretario de cámara del Virrey. El joven vivía miserablemente y desconocía su noble origen. Emocionado don Gonzalo, al saber que vivía aquel hijo al que suponía muerto en el sitio de Cartagena de Indias. Automáticamente ordeno que con la mayor brevedad posible le trajera a su lado, por que quería instituirlo heredero universal. Doña Amparo había escuchado furtivamente aquella conversación escondida detrás de unos cortinajes y al ver perdida la herencia que tanto codiciaba escapo aquella noche del palacio y se fue a una calle donde busco una puerta que decía JEHOVA ES GRANDE. DAVID. Mirando hacia atrás por si era vista. La dama le contó a David el israelita, su desventura diciendo que esperaba que él, le diera la solución para que no fuera así. Este adivinando que doña Amparo quería enviudar antes de que su decrepito esposo pudiera nombrar heredero a su hijo, le entrego un frasco indicándole que vertiera todos los días unas gotas en el agua que bebiese don Gonzalo, esto lo mataría lentamente y sin peligro que lo descubrieran, ella se escondió el frasco y, entonces el judío extendió un documento para que ella lo firmase, según el cual le tenia que pagar a la muerte de su marido 1000 escudos de oro en cuanto tomase posesión de su herencia. Algún tiempo después en medio de dolores y agudos sufrimientos falleció don Gonzalo sin que los médicos conocieran el origen de la enfermedad que se lo llevo a la tumba. Llego el día de la lectura del testamento y la viuda vio con estupor y con rabia que no le había dejado nada a ella todo pasaba a manos de su hijo el bastardo. Llamo desesperada al judío para que le devolviera el documento firmado por ella, a lo cual el judío se negó, incluso le dijo que si no le pagaba la denunciaría a las autoridades, lo único que le indico es que si no tenia dinero lo que podía hacer era quitarle al muerto un medallón que este llevaba en el pecho, y que se lo entregara esto, cubriría la deuda. Ella no se atrevía pero no tenia ninguna salida, así que por la noche en la iglesia de la Merced donde estaba el difunto de cuerpo presente, cuando se fueron todos, doña Amparo se acerca al ataúd, su marido con los brazos cruzados apretaban sobre el pecho el gran medallón, ella tenia mucho miedo, pero se armo de valor y logro apartar los brazos, se inclino un poco mas y al soltar los brazos para cojer el medallón la rigidez del músculo muerto los torno a su posición normal, primitiva, atenazando así el cuello de la dama. Ella se sintió prisionera anunciando una especie de locura terrorífica la cual invadió su cuerpo, y entre estertores y espasmos falleció al instante sobre el cuerpo sin vida de don Gonzalo de los Arcos. El Dios de la justicia unió en apretado abrazo postrero a la victima y a su verdugo.