Se extienden las cadenas cotidianas
hasta la selva verde, original,
y atrapan, con metálicas lianas,
la libertad desnuda, virginal.
Monótono latido de eslabones
en la rama cautiva del temor,
forjada esclavitud, legislaciones,
que aprisionan al genio creador.

Milenios de cadenas cotidianas
arrastran celestiales melodías,
el concierto feliz de islas lejanas
perdidas por angustias y agonías.
Los cerezos en flor visten sus galas,
blanco y rosa en el aire para el fruto,
se engalanan con plumas viejas alas
al deseo de huir de duelo y luto.

Grilletes con cadenas cotidianas
aprisionan el mundo de la idea,
encierran el fulgor de las mañanas
en la mazmorra gris de la tarea.
Muy lejos de la luz, bajo el manzano
que cubrió con su sombra los destinos,
la entelequia reclama al ser humano
que tejió su corona en los espinos.