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La Coctelera

Korina

Categoría: leyendas

7 Mayo 2009

Leyenda: El puente del beso

En la edad media, los mares estaban dominados por piratas.  Uno de los más famosos y poderosos piratas que asolaba a los viajeros  españoles se llamaba Cambaral.

Era el terror de los pasajeros no solo porque se apoderaba de las naves y robaba todas sus valiosas pertenencias si no, porque concluía su labor,  torturándolos y finalmente asesinándolos. Raptaba a las bellas doncellas para después traficar con ellas en los mercados. Muchas veces el gobierno tomó cartas en el asunto, envió poderosas naves de guerra para capturarlo.

Pero fue inútil porque Cambaral los derrotaba a todos.  Un noble caballero, llamado Hidalgo que vivía junto al mar, indignado con tanto abuso. se propuso capturarlo, preparó a sus hombres e inició la misión.  Luego de una larga y cruenta batalla, Hidalgo venció a Cambaral que quedó herido de gravedad.

Hidalgo, que además de buen guerrero era una persona compasiva, llevó a Cambaral a su casa, para curarlo antes de entregárselo a la justicia. 

Cambaral fue atendido en el palacio de Hidalgo por su hija, una bellísima muchacha de la que se enamoró perdidamente. Ambos descubrieron sus sentimientos y decidieron huir para hacer realidad sus sueños de amor y pasión sin que nadie pudiera oponerse a ellos.

La doncella esperó a que su padre se durmiera y luego, se reunió con su amado. El pirata la esperaba. Unieron sus almas en un beso apasionado. Estaban entregados a sus sueños y su pasión. Pero, raramente las historias tienen finales felices y será por eso, o será por lo que será. En ese preciso momento, Hidalgo, los sorprendió. Se sintió traicionado y lleno de ira, con una filosa espada mató a los dos amantes cortándoles las cabezas..

Los cuerpos quedaron abrazados fuertemente, y las cabezas rodaron hacia el mar hasta perderse en él.

En su memoria, fue construido en el lugar del incidente un Puente al que todos llaman el Puente del Beso. Muchos que en el se encuentran, dicen que a la media noche, cuando brilla la luna llena, se escuchan palabras amorosas que provienen del mar. Y que si miramos hacia el horizonte, pueden verse flotando en el mar dos cabezas unidas en un beso.

 

 

 

 

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8 Febrero 2009

El anillo del rey


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

-Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre.
Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó.

Y éste le dijo: No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.
Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey. Pero no lo leas le dijo mantenlo escondido en el anillo.

Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.

- Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:
Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA".

Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas.
Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
- ¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
- Escucha, dijo el anciano: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.
No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

No olvidéis nunca este sabio mensaje “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”

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28 Diciembre 2008

LA MANO DE FÁTIMA O "HAMSA"

La Mano de Fátima es uno de los amuletos protectores más populares de la zona de Oriente Próximo.
Es la representación plana de una mano con los dedos juntos y dirigidos hacia el suelo.
En los paises árabes se conoce también como "Hamsa", que significa cinco, el numero de dedos de la mano.

El nombre de "mano de Fátima" procede de la tradición musulmana y su origen está basado en una leyenda.

Leyenda

"El profeta Mahoma, el fundador del Islam, tuvo una hija, la bella y virtuosa Fátima, a la que los musulmanes veneran con gran devoción. Se cuenta que en una ocasión estaba Fátima muy ocupada en la cocina preparando la comida cuando su marido, el imán Alí, llegó inesperadamente. Al oírlo, Fátima abandonó por un instante sus quehaceres y fue a recibirlo. Sin embargo, quedó fuertemente decepcionada y triste al ver que su esposo llegaba acompañado de una bella y joven concubina. Prudente, Fátima guardó silencio y, atormentada por los celos, regresó a la cocina. Pero, inmersa en oscuros y tristes pensamientos, no prestó atención a lo que estaba haciendo: tenía una olla al fuego con caldo hirviendo y, más atenta a su tristeza que a su trabajo, metió la mano dentro y empezó a remover el guiso. Tan absorta estaba que no sintió dolor alguno, pero Alí vió lo que estaba haciendo y , horrorizado, se abalanzó sobre ella gritando.Fue entonces cuando Fátima se dio cuenta de que se estaba quemando la mano y la sacó de la olla."

Desde entonces "la mano de Fátima" se convirtió en un símbolo importante en el mundo musulmán.

Se cree que trae buena suerte a sus habitantes y les dota de las virtudes de la paciencia y la fidelidad.

Existe una gran variedad de diseños de la mano de Fátima, aunque todos coinciden en tener los dedos dispuestos de dos formas básicas: con un unico dedo pulgar, o con tres dedos centrales y un pequeño pulgar a cada lado.
Algunos de estos amuletos tienen en el centro de la palma el ojo de Maat, que protege contra el mal de ojo. Otros, como es el caso de la versión judía, llevan cuatro pequeños peces colgando de la muñeca, y en otras versiones suelen llevar inscritos pasajes del Corán.

La fama de la mano de Fátima ha traspasado fronteras y se ha propagado por varias culturas.

Es un talismán que se adapta fácilmente a la tradición de las culturas más diversas haciendo una interpretación de sus poderes adecuada a sus circunstancias.

En la India es un amuleto muy popular, conocido como "mano Humsa".La versión judía llamada "mano Hamsesh". En otros países de Asia, el amuleto se considera particularmente poderoso para prevenir todo tipo de desgracias y enfermedades. En Occidente se cree que este amuleto, además de proteger contra la ira, previene contra la infidelidad. En Norteamérica además se ha difundido la creencia de que la mano de Fátima protege de los terremotos y catástrofes naturales.

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28 Octubre 2008

Leyenda de una flor

Un cielo rosa- azulado, chorreando vapores de agua, cubría el pequeño pueblito situado en un maravilloso valle, en el centro de Asia, donde habitaba la familia de los Sung. El padre, de tez cobre canela; la madre, morena, con hermoso moño negro anudado a su nuca, de menudos pechos ahumados, que gemían baladas redondas; y el hijo, de un año, componían la feliz familia que las hojas de los cerezos y la nieve de las montañas cercanas soñaron contemplar.
Los días de fiesta, se ponían su traje más hermoso y salían al campo a pasear y admirar su belleza.
Uno de esos días la familia no salió. El pequeño Shu, estaba enfermo.
-Se habrá resfriado esta mañana – dijo el padre.
-Sí; dentro de unos días estará bien- sentenció la madre.

Pasaron los días y el pequeño no mejoraba. La madre, preocupada, viendo la palidez de la carita del niño, dijo:

-Escucha, esposo: he pensado que debemos llevar a nuestro hijo al sabio que vive en las afueras del pueblo. Él conoce las hierbas que sanan y nos dará alguna para nuestro hijo.
-Dices bien, esposa. Mañana mismo le llevaremos.
Al día siguiente, apenas el alba se abría paso entre la noche, cuando los gallos cavaban buscando la aurora, la pareja salió en busca del hombre sabio que recolectaba hierbas que curaban a los hombres.

Una vez delante del anciano, mirando éste al niño, escucharon las palabras negras:
- Lo siento; pero no tengo las hierbas que puedan curar a vuestro hijo.
-¡Por favor, te lo rogamos! ¡Dinos qué podemos hacer para que nuestro hijo viva!- suplicó la madre.
El sabio la miró y su pena le conmovió.
-Mira, mujer; vas a ir a lo más profundo del bosque y, en el lugar donde se encuentra el árbol más alto, ahí hallaras una flor. ¡Tráela! Tantos pétalos como tenga; tantos días vivirá tu hijo. Sólo puedo decirte eso.
-¿Una flor?
-Sí.

La madre, con el rostro de amapola, salió en busca de la desconocida flor. Con la soledad a cuestas y la sombra sobre sus ojos llegó al lugar del bosque donde se erguía el árbol más alto que jamás viera. Su copa se desvanecía entre hilachos de algodón.
Buscó alrededor de él, y sus ojos captaron una flor, cuya forma, color y perfume, eran la esencia de la belleza. Cortó una y, horrorizada, vio que tan sólo la formaban cuatro pétalos.
-“¡Oh, no; mi hijo sólo vivirá cuatro días! ¡No; no lo puedo consentir!”

Y, arrodillándose, depositó la flor en el verde manto y, muy despacio, con sumo cuidado, fue rasgando cada pétalo en perfumados hilos de color.
-“Mi hijo vivirá mucho más, ahora”
Regresó corriendo llena de esperanza a la casa del sabio. Le mostró la flor.
El anciano comenzó a contar los finos pétalos pero una alada brisa los amontonó y perdió el número de los contados.
-Tengo que empezar de nuevo- dijo para sí.
Fue separando, de nuevo, con exquisito cuidado los pedacitos de flor y, de pronto, una inesperada lluvia impidió que siguiera contado.
-Creo que es imposible contar los innumerables pétalos de esta flor. Esto indica que tu hijo vivirá incontables días. Idos tranquilos; el niño llegará a contar largos años en su vida.
Así fue, el niño sanó, y vivió largos años.

Los padres, agradecidos y felices, quisieron ir de nuevo, en el otoño, hasta el lugar donde crecía la flor.
La sombra del majestuoso Sándalo protegía a las especies vegetales que anidaban a sus pies de la dureza del sol. La pareja vio, con admiración, que las flores que allí se mostraban, tenían incontables pétalos; tantos, como los que la madre había dividido a los de la primera flor.

Decidieron darle un nombre en honor a su virtud de dar larga vida a los hombres, y le llamaron: Crisantemo.

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27 Octubre 2008

SUPERTICIONES

Tocar madera

Durante muchos siglo antes del cristianismo, lo pueblos célticos de Europa rendían culto a los árboles por considerarlos los templo de la santidad y la principal presentación de los dioses era la Tierra.
El
árbol servía con medio para enviar la dolencia, o el mal a la tierra.
También se recurría a este vegetal s la mala suerte visitaba a m hombre bajo la forma de demonios o si iba a librarse una batalla.
En estos y otros casos el sacerdote druida celebraba una serie de ritos y ensalmos en las llamadas enramadas sagradas, lugares que equivalía a las modernas iglesias.

Hay, además, quien dice que las supersticiones referentes a la madera también nacen del material con el que está hecha la cruz de Jesús Resultado de estas creencias es nuestra costumbre de tocar madera como signo di la buena suerte, ya que ésta atrapa al espíritu maligno lo hace caer a tierra.

Abrir el paraguas dentro de casa

Ningún supersticioso tendría jamás la osadía de abrir un paraguas dentro de una casa.
El origen de este temor se remonta a la época en que los reyes orientales y africanos lo usaban sólo a modo de sombrilla para protegerse de los rayos solares.
Debido a su conexión con el astro rey y porque también su forma simboliza el disco solar, abrirlo en un lugar sombreado, fuera de los dominios del Sol, era considerado un sacrilegio.

Es probable que la superstición se reforzara cuando los paraguas llegaron a Europa y empezaron a ser empleados casi exclusivamente por los sacerdotes en los oficios de los difuntos, sin otro fin que protegerse de las inclemencias del tiempo.

Las siete vidas del gato

La excepcional resistencia y fortaleza del gato, capaz di salir indemne de situaciones en las que otros animales perecerían con toda seguridad, llevó ala idea de que este felino tenía más de una vida.

No hay duda de que sus hábitos nocturnos, sus ojos refulgentes en la oscuridad, su sobresaliente agilidad y su pose majestuosa contribuyeron a que nuestros antepasados sintieran una especial admiración, e incluso veneración, por este animal.
Se cuenta que, por ejemplo, Mahoma se cortó la manga de su vestimenta para no perturbar el sueño de su gato que dormía sobre ella.
El profeta veía en él “una criatura digna del mayor respeto y de un tratamiento afectuoso”.

La razón de que a los gatos se les otorgue popularmente hasta siete vidas tiene posiblemente un origen esotérico.
Existen muchas culturas para las que los números poseen una significación concreta.
En nuestro caso, el siete fue considerado en la Antigüedad un número de la buena suerte, ya que era una trinidad de trinidades” y, por lo tanto, adecuado para el felino.

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23 Octubre 2008

Leyenda escocesa

.Las ondinas que viven en los lagos de Escocia son conocidas por el nombre de Kelpies.
Uno de estos extraños seres se encaprichó de un monje al que intentaba seducir de todas las maneras posibles.
El santo varón, sin embargo, consiguió resistir sus propósitos arguyendo que primero tenía que aprender a vivir bajo el agua.
Como esto era imposible, la kelpie acabó por despedirse de este proyecto amoroso, no sin antes haber derramado abundantes lágrimas, que se transformaron en guijarros de color verde gris, a los que los escoceses dan el nombre de "lágrimas de sirenas".
.
En una ocasión, en Escocia, una de estas criaturas frecuentaba un tranquilo estanque, a veces con forma de un precioso pez, otras en la de una doncella tan grácil como los abedules que se contoneaban junto al agua.
Aunque nadie pudo decir cómo sucedió, sedujo a un joven llamado Colvill, que acabó abandonando a los suyos para estar con ella en la laguna. Durante todo un verano gozó de un placer infinito en los brazos de la ninfa, yaciendo entre los árboles.
Y de no haber sido por su familia, que concertó su matrimonio con una mujer mortal tan risueña y alegre como el mismísimo verano, hubiese desperdiciado su vida de esta manera.
Después de la boda, Covill permaneció a su lado durante algunos días, aparentemente ajeno a los hechizantes peligros del otro mundo.
Pero, sin saberlo, su esposa le hizo caer de nuevo en las redes de la doncella de las aguas.
Había oído hablar de sus citas. Una tarde, en el jardín de la casa de sus padres, le pidió que no volviera al estanque.
Covill miró fijamente a su dama y en medio de ese decorado, acudió a su mente la imagen del estanque de la montaña, con sus delicados abedules, y la del pelo suelto y los ojos marrones y sonrientes de la ninfa.
Covill abandonó a su mujer y regresó al estanque.
En su hogar de las tierras altas, la ninfa de las aguas le estaba esperando, casi invisible entre los nenúfares.
Atusándose el pelo, le preguntó:
-¿Te gusta mucho tu nueva dama, joven Covill?- dijo con suavidad.
El respondió que no y la abrazó, pero la ninfa sólo le sonreía: una sonrisa tan fría como el agua que vigilaba.

-¿No te duele la cabeza, joven Covill?

De repente notó un dolor tan intenso en sus sienes que le saltaron las lágrimas de los ojos.

-Corta un pedazo de mi vestido y envuélvete la cabeza, su magia te aliviará el sufrimiento.

Así lo hizo. Con su cuchillo cortó una tira del blusón que llevaba puesto la ninfa, mientras ella le observaba con ojos inexpresivos.

Como si fuese una cuerda de hierro, la seda se hincó en su cráneo, cada vez con más fuerza, hasta que el hueso se quebró y brotó sangre de sus oídos.
Sus pies vacilaron mientras clavaba los dedos en la venda de la ninfa, intentando quitársela, pero sólo consiguió que se apretara más.
Se volvió hacia ella cuchillo en ristre, pero la ninfa se alejó rápidamente, ligera como las gotas de agua. Se detuvo un instante al borde del estanque y dijo:
-Está muy mal joven Covill, abandonarme por una doncella mortal.
El muchacho cayó al suelo enloquecido de dolor y la ninfa se sumergió en la laguna. Cuando por fin los amigos de Covill salieron a buscarle, le encontraron ahogado.
Nada pudieron ver en el estanque, exceptuando el airoso coleteo de un hermoso pez.

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5 Agosto 2008

Leyenda Cherokee

¿Conocéis la leyenda del rito de pasaje, de la juventud de los indios cherokee?

Su padre le lleva al bosque, con los ojos vendados y le deja solo. Él tiene la obligación de permanecer sentado en un tronco toda la noche y no puede quitarse la venda hasta que los primeros rayos del sol brillan por la mañana. Él niño no puede pedir auxilio a nadie. Una vez que sobrevive a la noche, es ya un hombre. Él no puede hablar a los otros muchachos acerca de esta experiencia, debido a que cada chico debe entrar en la masculinidad por su cuenta. El niño esta naturalmente aterrorizado; durante la noche puede oír toda clase de ruidos. Bestias salvajes que rondan a su alrededor.
Quizás algún humano le puede hacer daño. Escucha el viento soplar y la hierva crujir y él debe permanecer sentado estoicamente en el tronco, sin quitarse la venda. Ya que es la única manera en que podrá llegar a ser un hombre. Por último, después de una horrible noche, el sol aparece y al quitarse la venda, es entonces cuando descubre que su padre ha permanecido sentado junto a él durante toda la noche.
El padre vela toda la noche, para proteger a su hijo del peligro.

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11 Julio 2008

Supersticiones "Martes 13, no te cases ni te embarque"

la lotería nacional lo omite. Las líneas aéreas internacionales saltan ese número en las filas de asientos de los aviones. En Las encuestas demuestran que, entre todas las supersticiones referentes a la mala suerte, la inquietud relacionada con el número trece es la que hoy en día afecta a más gente.

Los franceses, por ejemplo, nunca dan a las señas de una casa el número trece. En Italia, los Estados Unidos, los modernos rascacielos, comunidades de propietarios y edificios de apartamentos dan al piso que sigue al 12 el número 14.

Un experimento psicológico puso a prueba la potencia de esta superstición. Un nuevo edificio de apartamentos de lujo, a una de cuyas plantas se le dio temporalmente el número trece, alquiló unidades en todas las demás plantas, y sólo muy pocas en la planta decimotercera. Cuando se cambió el número de esta planta por el de 12-B, los apartamentos sin alquilar en seguida encontraron inquilinos.

Todo esto se remonta a la mitología nórdica en la era precristiana. A un banquete en el Valhalla fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la pelea y del mal, se coló por las buenas, con lo que el número de los presentes llegó a trece. En la lucha que se produjo para expulsar a Loki, Balder, el favorito de los dioses, encontró la muerte.

Ésta es una de las primeras referencias escritas al infortunio relacionado con el número trece. Desde Escandinavia, la superstición se difundió a través de Europa, en dirección Sur.

Al iniciarse la era cristiana, estaba ya bien establecida en los países mediterráneos. Entonces, aseguran los folkloristas, la creencia fue notablemente reforzada, tal vez para siempre, por la cena más famosa de la historia: la Última Cena.

Cristo y sus apóstoles eran trece. Menos de veinticuatro horas después de esta cena, Cristo era crucificado.

Los mitólogos han considerado la leyenda nórdica como una prefiguración del banquete cristiano. Trazan paralelos entre el traidor Judas y Loki, el espíritu de la contienda, y entre Balder, el dios favorito que resultó asesinado, y Cristo, que fue crucificado. Lo indiscutible es que, desde principios de la era cristiana en adelante, invitar a cenar a trece personas significa buscar un desastre.

Como ocurre con toda superstición, una vez sentada una creencia, la gente busca, conscientemente o no, acontecimientos que encajen con el pronóstico. En 1798, por ejemplo, una revista británica titulada “Gentlemen's Magazine”, estimuló la superstición del número trece al citar estadísticas de seguros en aquella época, que revelaron que, como promedio, una de cada trece personas reunidas en una habitación moriría antes de un año.

En los Estados Unidos, el trece sería considerado como un número afortunado. Forma parte de muchos de los símbolos nacionales, ya que en el reverso de los billetes de banco hay una pirámide incompleta de trece escalones, el águila heráldica sostiene en una garra una rama de olivo con trece hojas y trece frutos, y en la otra, trece flechas. Hay, además, trece estrellas sobre la cabeza del águila. Todo esto, desde luego, nada tiene que ver con la superstición, sino que conmemora las trece colonias que originaron el país, y que por su parte fueron un símbolo de buen auspicio.

Pero según en que países, si el 13 cae en viernes la cosa se pone fea. Según la tradición, en un viernes día 13, Eva tentó a Adán con la manzana, el Arca de Noé inició su larga navegación durante el Diluvio, una confusión de idiomas puso fin a la construcción de la torre de Babel, el Templo de Salomón fue arrasado, y también en este día Cristo murió en la cruz.

Sin embargo, el verdadero origen de la superstición parece ser también un relato en la mitología escandinava. El nombre del viernes —Friday en inglés, Freitag en alemán— procede de Frigga, la liberal diosa del amor y la fertilidad. Cuando las tribus escandinavas y germánicas se convirtieron al cristianismo, Frigga fue execrada y desterrada a la cumbre de una montaña, considerada como bruja.

Se creía que cada viernes la diosa, rencorosa, celebraba una reunión con otras 11 brujas, más el demonio —con lo que eran 13 los asistentes—, y conspiraban para causar infortunios durante la semana siguiente. Durante muchos siglos, en Escandinavia el viernes fue conocido como el «Sabbath de las brujas».

Aunque se desconoce cuál pueda ser el proceso que en España dio lugar al «martes y trece, ni te cases ni te embarques», sí podemos recordar que el nombre del día procede de Marte, el dios de la guerra.

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