
EL respeto es la base para una convivencia armónica. Sabemos lo que significa respetar cuando tenemos claro hasta dónde llegan nuestros límites y dónde comienzan los de los demás. Debemos respetar los derechos de cada persona, sus sentimientos, sus ideas, sus espacios, su intimidad, su tiempo, su trabajo, sus pertenencias. De esta manera nuestras relaciones serán siempre claras, cordiales y sin conflictos
Cuando nos queremos y nos valoramos, nos respetamos a nosotros mismos y de esta forma nos ganamos el respeto de los demás. Quien no se quiere a si mismo, no puede establecer limites para que las otras personas sepan hasta dónde puede llegar
Para ejercer la autoridad es muy importante tener claro el sentido de respeto: el hecho de tener personas bajo nuestro control no es una razón para ignorar sus derechos. Los gobernantes deben respetar a los gobernados, así como los padres deben respetar a los hijos, los profesores a los alumnos y los hermanos a nuestros superiores y a nuestros mayores.
Ser respetuoso es muestra de buena educación, Una persona bien educada respeta las normas de la comunidad en la que se desenvuelve al igual que las de su familia, de su escuela, de su trabajo, de su barrio
La desconsideración, la intolerancia, la descortesía, y las ofensas son propias de personas irrespetuosa
"Siempre es más valioso tener el respeto, que la admiración de las personas".

Muchos son los que creen que extrañar a un ser amado es sinónimo de dolor, pero creo que no es así.
Me han otorgado el premio "Este blog es una joya" gracias a mi querida amiga Martha Humphrey.
Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer. Mientras caminaba, oraban y reflexionaban. Un poco antes de acercarse a un río que tenían que cruzar, el cual no tenía puente para hacerlo, se les acercó una mujer de baja estatura, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río. Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se apuntó para ayudar a la pequeña mujer, la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje. Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión, empezó a reclamarle al monje, que ayudó a la mujer a cruzar el río, acerca de su comportamiento: ¿Por qué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres?. El monje que había ayudado a la mujer no respondía a las preguntas de su compañero.














